El espíritu de la Navidad

Como todos los años, el día de Nochebuena, Papá nos coge de la mano a mi hermana y a mí y nos lleva de paseo por las calles de la ciudad. Caminamos despacio por las largas avenidas, sin soltarnos ni un segundo, los tres juntos, pasito a pasito.

Su mano me transmite un calor diferente al que siento cuando me agarra  el resto del año. Es como si entre los tres creásemos una especie de energía que nos protege de todo: hasta del frío y de los pies mojados los días que nieva y no llevamos puestas las botas de goma.

A lo mejor tiene algo que ver con la fuerza que se concentra  por todo en esta época. Hay fuerza en cada rincón: en las imágenes de los anuncios de la tele, en las luces que adornan toda la ciudad, en las canciones que cantamos todos los niños en los colegios y hasta en las sonrisas de las personas que te cruzas por la calle.

Papá llama a esa fuerza el “Espíritu de la Navidad”dice que a nosotros los niños nos invade completamente y nos traslada a un mundo mágico. También dice que los adultos van perdiendo esa capacidad de viajar conforme van creciendo. Las luces no les iluminan como a nosotros, no se sienten tan ligeros y esa fuerza es más aplastante realidad que magia.

Por eso yo no quiero crecer nunca.

Pero irremediablemente año a año nos hacemos mayores y el tiempo pasa cada vez más deprisa: pasan las comidas y cenas familiares, pasa la Nochevieja, llega el año nuevo, pasan los Reyes Magos de Oriente… y al poco aparece la primavera con las flores, el verano con la playa, en el otoño se vuelven a caer todas las hojas y de pronto de nuevo ya es Navidad.

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¡FELICES FIESTAS A TODOS!

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Ya no

“Is not the goodbye that hurts,

but the flashbacks that follows”

A veces aparecen tus recuerdos y me vuelve a doler (un poco) el hecho de que ya no seremos.

Que nuestro futuro no existe, ni tampoco las historias que nos inventamos para que un día se cumplieran.

Pero ya no.

¿Te acuerdas cuando pensábamos que nos necesitábamos?

Convencidos de lo real de nuestra causa hoy más que perdida, extraviada para siempre.

Entre esos recuerdos están las calles de todas esas ciudades y tu mano en la mía.

Los vinos que nos hacían hablar y abrazarnos más fuerte.

Las extremidades enlazadas en el sofá.

Los pies fríos por la noche en tu espalda.

Los fuegos artificiales en nuestras camas.

La piel contra piel por las mañanas.

Las miradas desde lejos en las despedidas y reencuentros.

El querer perdernos de vista a las 24 horas de estar juntos y las 24 de estar separados volver a echarnos de menos.

El idílico y platónico amor en la distancia. El amor miope tan en lucha siempre con la dura realidad.

La puerta al cerrarse por última vez antes de los turbulentos (más dentro que fuera de mí) vuelos. Los de ida y los de vuelta.

El fuego quemándome el pecho cuando te perdí mil veces.

Las lágrimas frías cuando me perdiste a mí. Un millón.

Y pensarte en otros cuerpos sabiendo que no sólo era un pensamiento.

Tú sólo, pero no.
Yo sola, pero tampoco.

Y me consuela pensar que eso no era amor de ninguna manera, que no se cuidó porque no hacía falta, porque no existía y lo que no existe no se puede mimar.

“Adiós” siempre me pareció una palabra horrible pero ya no. Porque creo que muchas palabras necesarias son feas en esencia.

Por eso adiós, sin más.

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Forever Young

Siempre quiso ser como Dorian Gray. Se pasaba los días descontando años, momentos, recuerdos…  y cada noche escuchaba canciones que hablasen de la eterna juventud.
Pensaba que nada ni nadie haría que el tiempo transcurriera para él y, si se topaba con alguien así, encontraba la forma de huir sin mirar atrás. Creía que su vida era demasiado especial como para compartirla. Una tragedia patente.
Pero un día llegó ella. La que consiguió abrir las puertas y ventanas de su alma. La que le hizo comprender que la libertad tiene un precio que a veces merece la pena pagar.
Poco después apareció el miedo y él acabó dando la espalda a esa realidad. A la tez de porcelana y mirada transparente que le decían tanto. Le hacía sentirse tan viejo… La llegó a aborrecer por la inteligencia que albergaba una mente tan clara. Y rompió los espejos de sus ojos que se deshicieron en lágrimas. Así nunca más podrían verse.
Se alejó de todo lo que tenía para empezar otra vez. Una nueva vida, una nueva juventud que nunca se acabara. Olvidar su pasado para crear otro desde cero. Él quería ir más atrás,  volver a la ignorancia de sí mismo, estancar su propia memoria. Renacer en la muerte.
Decidió ser Dorian sin contar con la soledad que supone la condena a una vida inmortal. Encerrado en una cárcel pero siempre huyendo de su propio reflejo.