#206

Cierro la puerta de la habitación. Es la misma que la última vez que estuve en este hotel. Con la luz de emergencia parpadeando y las polillas muertas en la lámpara del techo. Voy demasiado borracha, bastante más que la noche en la que él acariciaba mis caderas huesudas con sus manos y me ponía la piel de gallina. Me dejo caer sobre la cama. Al cerrar los ojos veo chispas de colores. Son muy bonitas. Me gustaría quedarme mirándolas para siempre, pero abro los ojos y todo me da vueltas. Él ya no está.

Me deshago de las zapatillas y los vaqueros haciendo fuerza con los pies, deslizando la tela por mis piernas poco a poco hasta sacarlos de mi cuerpo. Es la manera mas difícil pero no tengo fuerzas para incorporarme y hacerlo con las manos. La ventana está abierta y se cuela el viento cálido de la noche de verano. Se mecen las cortinas. Malditos fantasmas. Me quito la camiseta y me quedo en sujetador y tanga. Nunca había llevado tanga hasta entonces. Creo que ahora solo lo llevo para sentirme aun más lejos de quien era cuando estaba con él.

Todo se mueve más deprisa. Tintinea una campanilla a lo lejos. Huele a incienso y suena un réquiem de sueños tristes. Pero no me puedo dormir… Es como si en algún rincón de ese cuarto se estuviera celebrando una misa de difuntos, una ceremonia lúgubre.

—¡Vámonos de aquí!—grito, pero nadie contesta.

Recuerdo aquella vez, cuando tuve que marcharme del trabajo porque me dolían los riñones. Al llegar al hotel necesitaba un baño caliente. Él se metió conmigo en la bañera. Era la primera vez que estábamos desnudos, juntos en el mismo espacio. El agua tibia nos reconfortó. Me besaba mordiéndome la boca. Nuestras salivas se mezclaban con el agua turbia que danzaba en la bañera. Yo sonreía con los labios doloridos y rojos como frutas.

Oigo su voz que me llama desde la entrada de la habitación, se confunde con la música del órgano de la iglesia. La luz de emergencia parpadea con furia. Me levanto de la cama, me duele la cabeza y tengo las tripas revueltas. Parece que camino sobre nubes o sobre el agua que se salió de la bañera por todo el suelo del baño, aquel día mientras hacíamos el amor. Entro al baño y se me moja la parte de abajo de los calcetines. Odio esa sensación de frío interno. Me santiguo con el agua del lavabo y me pongo de rodillas junto a la taza. Todo es demasiado blanco o demasiado negro. Él ya no está.

Devuelvo todo el exceso de alcohol que tenía en el cuerpo. Mareada y convulsa grito una plegaria al suelo e intento incorporarme. Cada vez suena mas leve la música del órgano en mis oídos. Se acaba la ceremonia. Vuelvo hacia la cama arrastrando los pies. El suelo vuelve a estar seco. Ha parado el viento y hace mucho calor. Me tumbo y cierro los ojos de nuevo, ya no veo las chispas de colores, la luz de emergencia está quieta y ha cesado la música. Pero aun sigo oyendo su voz desde la entrada de la habitación que me grita:

—¡Vámonos de aquí! —Pero yo ya no estoy.

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Al otro lado

Estuve allí sin saberlo

al otro lado del amor

al otro lado de la herida

en el silencio que rompe

en la orilla de unos ojos

que aprendieron cegueras

ya no hay tierra ni luz

al otro lado del puente

flotando a tientas

junto al vínculo que se deshizo

la marea se llevará la sangre

(🎨 Kelogsloops)

Cuerda

No veo con claridad

sino los monstruos de mi mente.

Observando su indigna danza,

al son del pálpito

que se introduce en mis oídos,

no volveré a estar cuerda

para atarme a este tiempo.

(🎨 Alexandra Matzari)

Mi silencio

Mi silencio responde al tuyo y a la verborrea de quien no entiende.

Mi silencio responde a los que hablan sin pensar y dicen cosas sin saber.

Mi silencio grita más fuerte que todos sus planes para hacernos callar.

Porque mi silencio es un lenguaje sin lenguaje,

una ausencia sin ausencia,

un huirse sin huir.