Desahucio del lugar para huir

Se calló la poesía y sobrevino un silencio inmortal.
Lo que ayer era un refugio ahora no es más que una cárcel.
Censura de sentimientos, lenguaje que no es lenguaje.
Vagas palabras, cerebros secos, custodios de sal
vienen a desahuciarnos del lugar que escogimos para huir.

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Suéltame

Suéltame las costillas,

deja de cerrarme los huesos

con las manos llenas de sal.

Abre esta jaula

para que se me salgan de golpe las entrañas.

Aún las tengo llenas de flores,

y no quiero sentir

como tus miedos las marchitan.

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#33

En esa época aún tenía la capacidad de enamorarse de todo: de los puestos de flores del mercado, del pan recién hecho por la mañana, del parpadeo de las farolas que se encendían a las ocho en punto o de las piernas de cualquier muchacha que bajara las escaleras de Montmartre.