El retorno universal

Comienza de nuevo mi viaje
vuelvo a estar lejos de casa

Me perdí en las palabras que dejaron de nombrarme
que no me nombrarán más
porque ya no soy

Se diluye una sombra
que hila y deshila la esperanza de hallarme.

Ya no es mi nombre mi nombre.

Soy todo y soy nada
en la esquina de este sótano negro y angosto
un solo destello
las mil y una imágenes
Beatriz, Helena, Sarah, María, Eva, Lilith, la Maga…

Brillando en un rincón había una esfera
dentro un pájaro, un ángel,
la muerte,
el laberinto, el número tres,
tu cara

Quería haber ido más allá,
donde los vientos mecen los campos
y los campesinos cantan bajo el sol,
comen pan blanco con leche por las mañanas
y vino y queso a la luz de un candil

Llegar allí donde en las mesas de madera
carcomidas por los duelos
se esparcen las migas como las estrellas cuando mueren.

Pero antes de llegar cambió el viento
sopló aire de volver, de irse,
de quedarse atada a un mástil
con los ojos abiertos,
obligándome a resistir la tentación de saltar.

No me fío más de las falsas sirenas
que vienen a cantarme sus dudas,
ahora les digo que soy nadie
para escapar de mis miedos.

Toco la tierra
y salgo corriendo entre las flores
para aliviar las llagas que se hicieron en mis pies
por tratar escapar de las cuerdas que me ataron al mástil.

Porque antes de en la tierra estuve en el infierno
y allí vi lo efímero,
la serenidad de los rostros
perdida,
las historias que contarán sobre mí,
el paisaje yermo donde una vez hubo selva
la nimiedad de lo que parecía importante.

En este mundo veo el horizonte.
Siento como se hunden en la arena mis pies.
Y desde lo alto de las montañas contemplo los actos de los hombres.

Tengo que aceptar que el insomnio es normal,
que el dolor es normal
si el sendero es pedregoso.

“Abrázate” me digo.
Hace frío y es duro el retorno.

En el desierto cóncavo y amarillento del alma
solo queda caminar.

¡Ya me voy! ¡ya llego!

¡Ítaca querida!

¿Estás ahí?

¿Aún eres la misma?