Cruz y olvido

Nunca fueron para mí tus poemas,

ni el tiempo muerto en las noches,

ni en las mañanas de ausencia.

Me dejaste sin canciones

y sin versos.

Con los cafés, el humo

y los brazos abiertos.

Me negaste tres veces o más,

el gallo tardó demasiado en cantar.

La sentencia fue firme:

Cruz y olvido.

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