La ropa (memorias)

Miro  la ropa que duerme sobre mi cama, somnolienta y perezosa. El suelo está lleno de papeles, de tazas de café a medio terminar, de recuerdos sin borrar… La habitación a media luz parece una pequeña caverna donde me escondo de todo lo que hay allí fuera, en la calle.

Me acerco a la ventana y la abro lentamente, la madera hace un ruido que solo percibo  yo. No creo que se despierten los vecinos. Las arañas corren hacia sus telas asustadas y se van a dormir con miedo. Apoyada en el alféizar observo la inmensa oscuridad del cielo de la noche de verano. Está bañado de millones de estrellas. Me estremece su silencio y su quietud. Me invade un escalofrío cuando una suave brisa acaricia mis mejillas.

Un ruido desde dentro de la estancia me despierta de mi conversación con los astros. Vuelvo la cabeza y veo el desorden de nuevo. Intento encontrar el origen de lo que me había obligado a apartar la vista del mundo exterior pero no consigo ver nada extraño.

Vuelvo a asomarme por la ventana y me invade algo parecido a la añoranza mezclada con una especie de felicidad. En la luz de una farola creo ver tu cara sonreír… o llorar. Una lágrima me devuelve a la realidad. Cierro con cuidado.

Comienzo a despertar a todas mis prendas:  camiseta roja de tirantes, pantalón vaquero y zapatillas deportivas. ¡Arriba! Consigo ponerme todo con desgana y recojo algunas cosas del suelo. Agarro mi sudadera y salgo al mundo.

Cuando atravieso la puerta las estrellas se disparan y me acompañan en el camino, viajo con ellas,vuelo, sin parar, floto… he llegado. ¿Por qué estoy aquí? Es el portal de tu casa, donde estalló nuestro primer beso, ese lugar de tantos recuerdos. Me veo en el cristal, algo brilla en mi cara, en mis ojos, en mis manos…

Me siento en el escalón a pensar. Pienso en ti. En que solamente estás cinco pisos por encima. En tu cuerpo dormido que esta noche no voy a despertar. Lo que quiero con esto es que me sientas más cerca. Yo no consigo  conciliar el sueño como las arañas, mi miedo es mayor que el suyo. Por eso he venido, para no estar tan sola.

No lloro, ni río, sólo pienso, bailo, sueño, canto, observo…

La oscuridad me arropa en la vuelta. Ahora ya no hay brillos, ni estrellas fugaces, se han quedado en tu portal. Ni ríen, ni lloran. A veces bailan si canto o incluso cantan cuando sueño. Y veo de nuevo tu cara en las farolas, ella sí ríe y llora, ojalá pudiera ver en su interior para saber qué siente, si es como las estrellas o como las arañas.

Entro en casa, mis zapatillas tienen tanto sueño que se quedan en el suelo echadas sobre la alfombra de la entrada. Me quito la camiseta roja y los vaqueros, están exhaustos, los cuelgo en su percha y se duermen otra vez. Las puertas del armario se cierran en silencio.

Me pongo el pijama. La cama está blanda, limpia, huele bien. Hundo la cara en la almohada y caigo entre las garras de un sueño de verano, con estrellas pero sin ti.

 

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