Huecos

Siempre buscarás ese destello azul

y yo tendré que resignarme,

porque nunca podré ocupar su lugar.

 

Cada persona tiene un hueco asignado en el mundo y nadie encaja de la misma forma en el de otro que en el suyo propio. Pero si en un momento de absurdo quieres introducirte en el hueco que ocupa u ocupó otra persona tienes que tener en cuenta que te vas a hacer daño. Por dentro y por fuera.

Tendrás que aprender contorsionismo y perder la cordura. Doblar las piernas hacia fuera y abrirte un agujero en el corazón para meter la cabeza. Una vez allí mirarte las entrañas y hacer que suba la fiebre hasta 40.  Llegar al cerebro y con tus propias manos reventarte las neuronas, una a una, como si fueran burbujas de papel de embalar. Hacerte un nudo en la lengua e introducirte a la fuerza en los oídos un par de canciones tristes. Después tendrás que llorar bajo la lluvia y, aunque te latan las heridas, vestirte de mar. Bajar siempre las escaleras de espaldas y cerrar los ojos al caer. Huir de tu sombra, molerte los huesos a palos y doblarte las esquinas que queden con los dedos rotos.

Y en el momento en el que no puedas cambiar nada más, abrirás los ojos y te darás cuenta de que todo eso no ha servido de nada. Seguirás ocupando tu hueco aunque estés doblegado, aunque no te reconozcas… porque a pesar de todo siempre serás tú y tu tiempo se acabará algún día, y entonces sí, serás aire, arena y sal… Ocuparás el lugar del viento, la tierra y el agua. Serás de la forma de los árboles, los caminos y las olas.

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