Cuando me besas

Se abrieron las puertas de mis ojos y te colaste sin miedo. -Esta noche vamos a cogernos  de la mano -dijiste, y de camino a mi cabeza te quedaste a descansar en mi regazo. Te dio igual que fuera de las que toman café sin azúcar y no usan paraguas cuando llueve. No te importó que la soledad me hubiera maldecido cien veces, ni que mis escaleras de dentro ya no tuvieran barandilla. Te instalaste justo ahí, en medio de mi estómago, junto a los peces que se revuelven cuando me besas.

peces

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