Forever Young

Siempre quiso ser como Dorian Gray. Se pasaba los días descontando años, momentos, recuerdos…  y cada noche escuchaba canciones que hablasen de la eterna juventud.
Pensaba que nada ni nadie haría que el tiempo transcurriera para él y, si se topaba con alguien así, encontraba la forma de huir sin mirar atrás. Creía que su vida era demasiado especial como para compartirla. Una tragedia patente.
Pero un día llegó ella. La que consiguió abrir las puertas y ventanas de su alma. La que le hizo comprender que la libertad tiene un precio que a veces merece la pena pagar.
Poco después apareció el miedo y él acabó dando la espalda a esa realidad. A la tez de porcelana y mirada transparente que le decían tanto. Le hacía sentirse tan viejo… La llegó a aborrecer por la inteligencia que albergaba una mente tan clara. Y rompió los espejos de sus ojos que se deshicieron en lágrimas. Así nunca más podrían verse.
Se alejó de todo lo que tenía para empezar otra vez. Una nueva vida, una nueva juventud que nunca se acabara. Olvidar su pasado para crear otro desde cero. Él quería ir más atrás,  volver a la ignorancia de sí mismo, estancar su propia memoria. Renacer en la muerte.
Decidió ser Dorian sin contar con la soledad que supone la condena a una vida inmortal. Encerrado en una cárcel pero siempre huyendo de su propio reflejo.
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