A quien quieras

A quien quieras

Dile siempre cosas bonitas.

No le hagas sufrir.

Ni llorar.

No permitas que no duerma una noche por tu culpa.

Si puedes evitarle un solo segundo de malestar hazlo.

Si no, intenta consolar sus ratos de angustia.

Préstale atención.

Escúchale y mírale a los ojos más a menudo.

Transmítele paz, tranquilidad y buenas formas en todo momento.

Porque cada segundo que pasa se pierde y no hay remedio para un minuto malo cuando ya se ha vivido.

Evita tener que pedir perdón. Es preferible no tener que pedirlo por  haber hecho bien las cosas que disculparse mil veces después de hacerlas mal.

Valora su presencia.

Comprende sus silencios…

Y sus vuelos.

Pero sobre todo bésale y abrázale todo lo posible.

Porque si no, cuando no puedas, te arrepentirás de no haberlo hecho más.

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