A quien quieras

A quien quieras

Dile siempre cosas bonitas.

No le hagas sufrir.

Ni llorar.

No permitas que no duerma una noche por tu culpa.

Si puedes evitarle un solo segundo de malestar hazlo.

Si no, intenta consolar sus ratos de angustia.

Préstale atención.

Escúchale y mírale a los ojos más a menudo.

Transmítele paz, tranquilidad y buenas formas en todo momento.

Porque cada segundo que pasa se pierde y no hay remedio para un minuto malo cuando ya se ha vivido.

Evita tener que pedir perdón. Es preferible no tener que pedirlo por  haber hecho bien las cosas que disculparse mil veces después de hacerlas mal.

Valora su presencia.

Comprende sus silencios…

Y sus vuelos.

Pero sobre todo bésale y abrázale todo lo posible.

Porque si no, cuando no puedas, te arrepentirás de no haberlo hecho más.

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Del camino que voy dejando atrás

Del camino que voy dejando atrás,
con el traqueteo del tren y las gotas de lluvia corriendo por las ventanas,
tengo grabados en mi mente cada poste lleno de luz que viaja,
cada redondez de los montes naranjas,
cada molino que abraza al viento despacio,
y cada árbol cansado que entrega al otoño sus hojas,
como precio a pagar por un verano de lujuria,
y aquellos nidos de cantos alegres vacíos
y cada nube gris intentando poseer al sol que se refleja en los charcos de barro

Y del camino que voy dejando atrás tengo grabada en mi mente
tu silueta en cada horizonte, con tu abrigo gris y tu cara.
Sonriendo como siempre, esperando mi llegada.

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Todo pasa y todo llega

Todo pasa y todo llega dicen, pero aquí estamos siempre esperando: esperando al tren en la estación, esperando el fin de semana, esperando que lleguen las vacaciones de verano, esperando que esa persona vuelva y nos diga que se equivocó…

Nos hablan de que lo importante es centrarse en el presente, que ahí es donde está la felicidad. Aun así nos empeñamos en dormir en el pasado y vivir ansiosos por el futuro. Deseando que todo vuelva a ser como antes o que, algún día, las cosas cambien a mejor.

Nos dicen que la paciencia es una virtud pero creo que perder el tiempo es un defecto y lo es por tanto, a veces, esperar.

Lo bueno viene cuando te enteras de que los verbos “querer” y “vivir” son el mismo. Querer hacer cosas y por lo tanto vivir cosas. Arriesgarse, a perder… o a ganar. En el presente. Lo perdido y ganado en el pasado ya no existe, simplemente forma parte de nuestra historia de aprendizaje.

No es cierto que en la vida haya un solo tren. Cada día puedes ver pasar miles pero, eso sí, todos se van y si no los coges se escapan y no vuelven. Podrán pasar otros, pero nunca serán el mismo. Como el agua de un arroyo. Muy pocas veces verás un tren correr marcha atrás y jamás un río. Y en eso consiste la vida, en elegir los trenes a los que subimos y las aguas en las que nadamos o por las que nos dejamos llevar.

Solemos pensar que los únicos que nos enseñan son los errores y quitamos importancia a los aciertos, que en muchas ocasiones también son buenos guías. Debemos arriesgarnos y perder el miedo a vivir.  Nutrirnos de cada experiencia y a través de estas conocernos a nosotros mismos, para saber qué es lo que queremos en cada momento.

Y no digo que esto sea fácil pero a la vida hay que cogerle el truco, como a casi todo.

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