Desvelo

Me desvelo a las 2:54 y no puedo dormir, así que me levanto y me preparo una infusión relajante. Un pájaro emite una especie de gorgeo insectil en el patio de atrás. A esta hora la noche habla mil idiomas. Me he despertado con las piernas y la mandíbula agarrotadas, con la sensación de ser un animal con las patas atrapadas dentro de un cepo. Me sucede a menudo. El primer instinto es apretar y soltar los músculos repetidas veces… pero no funciona y la vorágine comienza. Me posee una rabia de años y tengo que levantarme a distraer a mis fantasmas. Soy muy poco hábil a la hora de zafarme de ellos. El pájaro cesa su canto. Me asomo a la ventana y el mundo está detenido. Se ha congelado el tiempo en mitad de la vida. Siento las mandíbulas estáticas, las piernas y los brazos tiesos, las vísceras presas y llenas de hiel… El pájaro vuelve a gorjear tímidamente y otro le contesta con un canto melodioso. Ofrecen un precioso concierto nocturno para nadie. Me pregunto qué estarán diciendo o si su decir no es decir sino una simple belleza sin nombre. Yo olvido el mío en cada desvelo.

 

#8 Julio

Aquella noche había un reloj que marcaba la hora de olvidarse del tiempo.

Aquella noche, ¿te acuerdas? Llovía a mares y nuestras bocas se ahogaban y se llenaban de peces.

Aquella noche los demás se montaban películas o cantaban canciones de amor. Nosotros creíamos estar solos en medio de la multitud y jugábamos al cíclope.

Aquella noche el reloj seguía sin saber nada del tiempo.

Si cerraba los ojos, al abrirlos todo había vuelto a comenzar.

Y no intenté comprender esa suerte de no parar de reírnos y de sentirte temblar junto a mí.

Fotografia: Louise Butterworth

#34

El poeta ciego me pregunta cómo soy. Descubro con sorpresa que no sé qué palabras utilizar para describirme. Para ello debo desdoblarme, verme desde fuera. Ponerme en la piel de alguno de mis amantes cuando me dicen: “Eres preciosa. Tienes una buena figura, un buen trasero (aunque quizá estás algo más flaca de lo que deberías). Tus ojos  cambian de color cuando llueve. Tu piel es suave, salpicada de pecas y tan blanca que se  puede ver cómo la surcan interminables ríos azules. Y aun es mejor cuando se sonroja llena de excitación entre las sábanas. Tu pelo es del color de las barandillas que cuidan del mar, del metal besado por las olas. Tus labios son finos y rosados, cuando utilizas carmín se vuelven sensuales como frutas…”

A veces me da miedo verme desnuda ante el espejo. Creo que porque al fin y al cabo es el que mejor sabe describirme.

—Perdóname— le digo —no sé si me he basado en un juicio fiable—.

Casi todos los hombres cuando ven a una mujer desnuda pierden el criterio. Sin embargo este no puede verme, así que lo único que le queda es la fe.

Después de todo esa noche tampoco se atrevió a tocarme.

Mi primer amor

Mi primer amor fue un corazón roto

Lo reconstruí desde cero

pero nadie lo vio

Fue la mejor época de mi vida

Solía pasear con él en la mano

y llenar todo de sangre latiendo

Rezaba para que toda la lluvia del mundo

no pudiera limpiar las baldosas

Dejaría que esos sentimientos

deambularan siempre

sobre las aceras mojadas

Todo ese amor

atrapado entre las grietas

de los adoquines

era como un río

sabía que jamás se agotaría

así que nunca necesité hablar sobre esto a nadie

Natalia Drepina

(Fotografía: Natalia Drepina)

 

¡Que nadie se atreva a nombrarme!

¡Que nadie se atreva a nombrarme!
Yo aprendí a hacerlo en la desgarradura.
Me pregunté qué había al otro lado
de lo que los demás creían que era
y me volví sombra
para mirarme de lejos
En la oscuridad fui ceguera irreversible
y establecí los límites de mi autoengaño.
¡Que nadie se atreva a nombrarme!
para complacer a su ego
para compararse y no sufrir
Yo ya no soy para que sean
aquellos que intentaron darme nombre
Antes de conocerme
aprendí a nombrar
la herida, la huida y el tiempo
Supe que no soy Eva, ni Lilith, ni Sarah
no soy Betsabé, ni María, ni Diana…
Sé que soy la eterna,
pero ese tampoco es mi nombre
Sé que soy la insumisa,
pero ese tampoco es mi nombre
Sé que soy la salvaje…
¡Que nadie se atreva a llamarme!
Pues vendré en forma de viento
sin máscaras, ni pintura
con los ojos de tormenta
abiertos como ventanas
Ya no me avergüenzo
aunque hace siglos me hicieran pensar
que si me miraban de frente
podían metérseme en las entrañas
arrancarme mi nombre
y despojarme de mí
Ahora comprendo que ese nombre
se gestó mucho antes
de que nadie pudiera verme
que es un nombre antiguo e incandescente,
de carne, sangre y aullidos
de flujo, tierra y hiel
que no es un nombre prestable,
ni que se pueda robar
Nadie conoce mi nombre
porque no está hecho de verbos
Así que ¡No me llaméis con palabras!
Porque arderán
y entre las cenizas quedará solo
mi verdadero nombre innombrable.
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Libélula

Una libélula se posa en nuestros párpados

y en un instante el mundo se vuelve verde, azul, violeta…

después alza el vuelo poderosa

y nos destierra de su cosmos

En el campo que poco a poco recobra su forma

aún se escucha el zumbido de su ausencia

Animal Spirits: DragonflyPencil and watercolor on illustration board5” x 7” inches 2013 © Patricia Ariel Ability to see the truthPower of flightUnderstanding of dreamsBreaking down illusionsSwiftnessChange and transformationConnection with nature spirits ORIGINAL SOLD

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(🎨 Patricia Ariel)