El mar de intenso oleaje que me habita

Hoy he soñado con el mar de intenso oleaje que me habita. Me he sumergido en sus aguas heladas y he buceado hasta divisar el fondo. Allí todo parecía estar en calma, no había olas ni rumor alguno. En la penumbra he distinguido mi propio cuerpo yaciente, medio enterrado en la arena junto a un barco hundido, del que multitud de peces habían hecho su hogar. Los peces como luciérnagas tornasoladas iluminaban el fondo añil del océano. Nadaban ansiosos entre los huecos de la madera podrida del casco y la resbaladiza cubierta que ahora era un bosque de algas. Mi cuerpo les servía de alimento. Con sus pequeñas bocas redondeadas succionaban poco a poco los pedacitos que se desprendían de mi piel ya blanda por el agua y la sal. He nadado aproximándome hacia mi cuerpo tendido en el lecho marino. Al observarlo de cerca mi nariz ha chocado con su nariz y ambas hemos abierto los ojos.

Carbon reservoirs in the ocean floor may have ended the last ice age – and could bubble up again

Red moon

a red moon rises
from the center of my womb
a red and dark moon
like the jaws of a sacred wolf


una luna roja se alza
desde el centro de mi vientre‬
‪una luna roja y oscura
como las fauces de una loba sagrada‬


Fotografía: Peggy Urban

Fragmento de diario

Comienzo a escribir este texto entre lágrimas.

Hace poco comprendí que llorar es un arte, que conmoverse es un arte y que, por suerte y no por desgracia, ese es uno de mis dones.

Siempre pensé que sentir de más era una maldición. Entonces hablé con O. y ella me dijo que en esa catarsis propia y violenta era donde residía mi verdadero poder.

Son las lágrimas las que me han traído hasta aquí. Es mi corazón abierto el que me ayuda a conocerme mejor. He llegado hasta este lugar arrastrada por las corrientes salvajes, desde el vacío y los latidos “I know how furiously your heart is beating”, desde la búsqueda de las partes de mí que entregué a otros.

Me han traído hasta aquí los torrentes de palabras que llenan desde hace años cuadernos, documentos de word, notas en mi teléfono móvil…

Con las palabras me araño por dentro y llego casi a diario a tocar mis entrañas.

Aún tengo miedo de alcanzar mi oscuridad más profunda porque sé que en ese lugar estaré sola conmigo y allí no será suficiente el lenguaje.

A pesar de todo seguiré escribiendo, nadando en este río de emociones, porque para mí esa es la única manera de permanecer a flote.

En sus aguas seguiré buscando mi verdad y mi esencia, y poco a poco llegaré a la fuente, a la fórmula para abrazarme cuando siento que soy poco más que un hueco.

Volcán

Me hundo en mí como en un lago de fuego
los volcanes del mundo han entrado en erupción
en mi alma resuena
un silencio que se derrama
como la lava por la ladera del Krakatoa

Mi cuerpo es el volcán
mi cuerpo es el fuego
enfurecido y salvaje

Soy la hija de una rabia incandescente
¿Sientes el latir de mi cuerpo que arde?

No moriré en esta pira
caminaré sobre las ascuas
cuando la hoguera se apague
renaceré como el ave dorada

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Desvelo

Me desvelo a las 2:54 y no puedo dormir, así que me levanto y me preparo una infusión relajante. Un pájaro emite una especie de gorgeo insectil en el patio de atrás. A esta hora la noche habla mil idiomas. Me he despertado con las piernas y la mandíbula agarrotadas, con la sensación de ser un animal con las patas atrapadas dentro de un cepo. Me sucede a menudo. El primer instinto es apretar y soltar los músculos repetidas veces… pero no funciona y la vorágine comienza. Me posee una rabia de años y tengo que levantarme a distraer a mis fantasmas. Soy muy poco hábil a la hora de zafarme de ellos. El pájaro cesa su canto. Me asomo a la ventana y el mundo está detenido. Se ha congelado el tiempo en mitad de la vida. Siento las mandíbulas estáticas, las piernas y los brazos tiesos, las vísceras presas y llenas de hiel… El pájaro vuelve a gorjear tímidamente y otro le contesta con un canto melodioso. Ofrecen un precioso concierto nocturno para nadie. Me pregunto qué estarán diciendo o si su decir no es decir sino una simple belleza sin nombre. Yo olvido el mío en cada desvelo.

 

#8 Julio

Aquella noche había un reloj que marcaba la hora de olvidarse del tiempo.

Aquella noche, ¿te acuerdas? Llovía a mares y nuestras bocas se ahogaban y se llenaban de peces.

Aquella noche los demás se montaban películas o cantaban canciones de amor.

Nosotros creíamos estar solos en medio de la multitud y jugábamos al cíclope.

Aquella noche el reloj seguía sin saber nada del tiempo.

Si cerraba los ojos, al abrirlos todo había vuelto a comenzar.

Y no intenté comprender esa suerte de no parar de reírnos y de sentirte temblar junto a mí.

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Fotografia: Louise Butterworth

#34

El poeta ciego me pregunta cómo soy. Descubro con sorpresa que no sé qué palabras utilizar para describirme. Para ello debo desdoblarme, verme desde fuera. Ponerme en la piel de alguno de mis amantes cuando me dicen: “Eres preciosa. Tienes una buena figura, un buen trasero (aunque quizá estás algo más flaca de lo que deberías). Tus ojos  cambian de color cuando llueve. Tu piel es suave, salpicada de pecas y tan blanca que se  puede ver cómo la surcan interminables ríos azules. Y aun es mejor cuando se sonroja llena de excitación entre las sábanas. Tu pelo es del color de las barandillas que cuidan del mar, del metal besado por las olas. Tus labios son finos y rosados, cuando utilizas carmín se vuelven sensuales como frutas…”

A veces me da miedo verme desnuda ante el espejo. Creo que porque al fin y al cabo es el que mejor sabe describirme.

—Perdóname— le digo —no sé si me he basado en un juicio fiable—.

Casi todos los hombres cuando ven a una mujer desnuda pierden el criterio. Sin embargo este no puede verme, así que lo único que le queda es la fe.

Después de todo esa noche tampoco se atrevió a tocarme.

Mi primer amor

Mi primer amor fue un corazón roto
Lo reconstruí desde cero
pero nadie lo vio
Fue la mejor época de mi vida
solía pasear con él en la mano
y llenar todo de sangre
Rezaba para que toda la lluvia del mundo
no pudiera limpiar las baldosas
Dejaría que esos sentimientos
deambularan siempre
sobre las aceras mojadas
Todo ese amor
atrapado entre las grietas
de los adoquines
era como un río
sabía que jamás se agotaría
así que nunca necesité hablar sobre esto a nadie

Natalia Drepina
Fotografía: Natalia Drepina